Imposible no comentar lo que está sucediendo en el proceso que se le sigue al Sr. Santofimio por su responsabilidad intelectual en el asesinato de Luis Carlos Galán. Igual que sucedió no hace mucho tiempo con la supuesta reapertura del caso de la toma del palacio de justicia a manos del M-19 y la evaluación de responsabilidad civil del general(r) del ejercito Arias Cabrales en las desapariciones posteriores a este hecho lamentable, elementos que estuvieron en primerísimo lugar de las noticias e informativos locales pero que al final, como siempre, sucumben a la maldita falta de memoria de un pais que se merece lo que le pasa por ser falto de caletre para aprender de sus errores, mucho me temo que este asunto se sepultará tambien.
Y es que no podemos ser tan permisivos con estos sucesos. Galan, como muchos otros colombianos hemos sido blanco de las garras asesinas de un sustrato social que es el guía del poder economico y político del pais. Para refrescarnos un poco la memoria, los que ya tenemos tres lustros o más de vivir, y para la mente adolescente y apática de nuestros jóvenes, me he encontrado editado un libro del Sr. Fabio Castillo, Los Jinetes de la Cocaina, en la URL http://www.derechos.org/nizkor/colombia/libros/jinetes/intro.html donde, si es cierto al menos el 50% de lo que denuncia este señor, debería ser suficiente para pensar en que tanto guerrilla, paramilitares, ejercito, congreso, banca, industriales aristocratas y otros figurines son solo actores de un grandioso circo, actores que de cara a la opinión pública ejercen sus roles con tétricas parodias de muerte y anarquía, pero que tras bambalinas se sientan a preparar cada una de las funciones que la historia registra año tras año como hechos casuales. Y de hecho, cuando es necesario para sostener el statu quo, se trasladan de bando, como es el caso de nuestro aparentemente conciliador excandidato Leyva Duran, representante de los esmeralderos en estas epocas de afianzamiento del narcotrafico colombiano y ahora, magnánimo negociador de canjes con los antropófagos miembros del secretariado de las Farc. Ni que decir de los vinculos de Lopez Michelsen, de Turbay y de otros ilustres proceres.

Me da angustia pensar que al menos un 99% del pais conserva una mente romanticista, cada uno dentro de su bando, echandole puyas de los problemas del pais a guerrilla, o a paracos, o a Uribe, o a los socialdemócratas. Y si. Cada uno de ellos tiene responsabilidad como autor material de éstos hechos. Pero las autorías intelectuales están sentadas en palcos de honor de la historia, inmunes a cualquier suciedad. Es tetrico pensar que al menos nosotros y nuestras mentes romanticistas al menos tenemos un código ético al cual rendirle pleitesía por nuestros actos (bien sea la creencia en un Dios, la fidelidad a unos preceptos ideológiocos, la idea de simple lógica arriera sobre la necesidad de comulgar en paz para vivir tranquilos o lo que sea). Sin embargo, los hidalgos productores de esta tragicomedia no tienen ningún otro interés que perpetuar su poder, por encima de credos, gente muriendose de hambre y hastío, generaciones tiradas a la basura intelectual. Que puede hacer un insecto contra la mano siniestra, más grande, más poderosa y sobre todo más inconsciente de la vida del pobre condenado. Solo pequeñas punzadas... A menos que sea un ataque grupal. Tal vez mil erupciones en su piel lo envíen al hospital.
Hay otro camino más osado. Retomando la metafora del mosquito, la malaria destruye al exterminador mediante un virus. Es decir, se vale de su estructura para crecer, multiplicarse y, desde adentro, debilita al asesino hasta matarlo. Quienes se le miden?