Malhaya el momento histórico en que la colombianidad se trocó de ser un sinonimo de gente trabajadora, pujante y sensible socialmente para convertirse en la nefanda cosa que hoy por hoy trajinan los canales de televisión local, las redes sociales virtuales y las campañas de gobierno.
Ya soy lo suficientemente viejo para recordar que aun en los finales de la decada de los 80 existía respeto por los símbolos patrios, por pensar candidamente que el café era el producto principal de exportación y por creer en los logros colectivos como la constituyente. (Aun cuando hoy sabemos ya que no logro destorcer los goznes de la decandente democracia que nos gobierna).
No obstante, hoy por hoy los iconos de la colombianidad son las figuras unipersonales que triunfan en la musica, el cine o el deporte; el gozo con el dolor ajeno, la polarizacion ideologica, la maldita malicia que de ninguna manera es indigena y pintarse la jeta con los tres colores de la bandera para hacer una marcha. Los partidos de futbol Colombia-Argentina en los que se rememora un marcador 5-0 como una hazaña davídica que la verdad no significa nada. Las superproducciones criollas que ensalzan las tetas, los traquetos o la caliente vida de las apasionadas parejas de las novelas, que dicho de paso han dejado un asqueroso hálito de porvenir entre nuestros coterraneos en busca de una felicidad que dista bastante de la realidad.
La colombianidad es folclore. Pero uno muy lejano del amor por lo ancestral como en Mexico, lejanísimo del acervo propio de la tierra como en el Peru, Argentina o Bolivia, distante millardos de la fe colectiva del chileno promedio o del Brasilero. La colombianidad es nuestro premio de consolacion ante la mediocridad, el gusto por la plata fácil, la infidelidad familiar y social y todo lo que en realidad es nuestro colectivo.
Los procesos evolutivos darán la solución a esto. Este pueblo se autodestruirá sin remedio. Sera presa fácil del colonialismo global. Mi grano de arena con todo será no traer hijos a esta tierra para no condenarlos de antemano a su infelicidad eterna.
miércoles, junio 03, 2009
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